Cuatro de copas

Temperley no levanta, empató 0-0 ante Estudiantes de Rio IV y se aleja de la ilusión del primer ascenso. El Celeste repitió viejos errores y otra vez sufrió un árbitro que le pitó en contra: Barraza no vio dos penales claros. Al Cele, en AFA no lo tienen entre los favoritos…

Otra vez sopa. Otra pálida actuación de local, con poca actitud y escasas virtudes para destacar más allá de las buenas tapadas de Papaleo o la entrega de Leys . ¡Y por si faltaba algo para completar el combo mortal: el flojito arbitraje de Barraza que no dió dos penales claros para Temperley! Así, es difícil…

El primer tiempo mostró a un Temperley activo en los primeros 5 minutos, con la intención de salir a buscar a su rival con dos delanteros pero los mismos problemas de siempre se hicieron presentes. Las divididas para el visitante, pérdida rápida de la pelota y sin claridad a la hora del ataque. Estudiantes manejó los tiempos y llevó el peligro al arco defendido por Papaleo, que respondió bien en dos llegadas: un remate de Benavidez y un taco de Ferreira, casi abajo del arco, a los 21. ¿La única de peligro de Temperley? A los 38 un remate de Federico Vietto que se fue cerca del palo. No pesaron los pibes llegados de Avellaneda y el Cele además volvió a ser endeble en el medio en otro partido flojo de Marchioni.

Más allá de todo, Barraza omitió un penal claro sobre Molina cuando tras centro de Vietto la tocó con la mano Vester.

El segundo tiempo fue similar: Temperley nunca encontró los caminos, careció de asociaciones en el medio para crear juego y de cambio de ritmo para generar peligro. A los 15 una nueva omisión de penal de Barraza, que vio cómo a Vietto lo derribaron pero decidió que sea falta fuera del área.

El visitante se replegó y buscó la contra, con las apariciones de Mateo, Comba y Formica; apostando claramente a su velocidad y verticalidad. En el final del partido nuevamente Papaleo salvó al Celeste tras un remate de Comba que se colaba en el ángulo. Otra pobre imagen que deja el Gasolero, nuevamente a cambiar de página y pensar en Atlanta con una pequeña ilusión de pelear hasta el final que hoy parece imposible.

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