Por la vuelta

Están ahí en mi biblioteca en la casa de mis viejos. Son una pila prolija de revistas y diarios de ese día, de ese momento, de ese instante que lo detuvo todo. Nada fue más importante para el barrio que el grito gol de Walter Céspedes a boca (y tribuna) llena. Fue como dijo hace poquito el jugador en el Show de Temperley por la radio: “(…) el gol más emocionante; ese del que aún recuerdo hasta el sonido de la pelota rozando la red”. Los papeles ya amarillentos son de la Sólo Fútbol, La Unión y aquel recordado Temperley en Imágenes. Todo está, salvo el color sepia, como aquellos días posteriores al 24 de julio de 1993 y esa vuelta a la vida color Celeste en la C y frente a Tristán Suárez.

Me veo adolescente por esos tiempos. Ya escribía mis primeras columnas sobre mi Turdera en los semanarios del Sur y la tarea de infatigable cronista me detenía el pecho al ver mis palabras en letras de diario cada semana. Sin redes sociales ni celulares. La vida era como más llana, de otros tiempos: de más esperas y largas caminatas.

Mi Gasolero estuvo dos años, tres meses y once días con las persianas bajas y los yuyos altos. Hasta ese 24 de julio de 1993 de vuelta y gloria deportiva e institucional. Esa misma que el Departamento de Historia y Museo de Temperley recordará el domingo 26 de agosto desde las 14 horas con los mismos protagonistas por equipos (entrada libre y gratuita en el Alfredo Beranger): Temperley y Tristán Suárez se volverán a enfrentar como ofrenda al socio, al hincha al que gritaba por las calles que “Temperley no quiebra”.

Recientemente Patricio Rossney, parte del Departamento de Historia y Museo de Temperley en la presentación oficial afirmó que “será un espacio dedicado a preservar la memoria. Un proyecto de todos los Gasoleros».

Por eso será de sol la tarde porque aquella jornada fue radiante y fría. Escribí hace algunos años en una columna que el fútbol es “esa mezcla de pasiones que incluye a la literatura a la que me permito tomarle prestado algunas ideas a Cortázar: la de la rayuela, y las piedras que el hincha debe saltar en su vida de pasión; y ese intenso color que es mi casa, mi refugio y mi lugar: El cielo… que es Celeste y siempre estará aunque algunos días algunas nubes se empecinen en teñirlo de gris”.

Federico Gastón Guerra 

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