Derroche de pasión

La crónica periodística del diario Clarín decía “se pueden contar con los dedos de una mano las hinchadas que tienen la convocatoria del equipo de Turdera”. Hablaban de Temperley, claro está. Ese equipo que logró el ascenso en cancha de Platense un 31 de julio de 1999 y quedó inmortalizado en un mural muy especial en la entrada del mítico Beranger.

Por esos años aún se le peleaba a la quiebra como esos boxeadores tozudos que no caen nunca pese a los puños que una y otra vez le asesta el rival de turno. Ese peleador nato que, se sabe, sacará un gancho de zurda y liquidará el pleito en el primer hueco que deje el vendaval.

Éramos muy jóvenes y ya sentíamos la pasión del fútbol latir muy cerquita del corazón. Por esos tiempos preparaba materias en mi carrera de periodista y llenaba el escritorio de libros y de mates, de apuntes y de revistas y diarios. Leía mucho el mítico El Gráfico y la revista Sólo Fútbol que eran como los textos sagrados para los futboleros. Luego venían los suplementos de los diarios. Y siempre la radio.

Tengo en ráfagas, debo decirles, aquellas imágenes que se me vienen en lluvia al momento de escribir sobre aquel team de don Héctor Ostúa. Sé que sufrimos para llegar a esa final con Defensores de Belgrano en cancha de Platense y más sufrimos ese partido cuando faltaban escasos minutos y la pelota parecía un imán y nuestro arco un yunque pesado que la atraía.

En un receptor imitación a una capilla de las de antes sé que escuché muchos de los encuentros del Celeste de ese año. Lejos aún de la velocidad de la banda ancha y los celulares ese último año de la década de los 90 se consumió lento y feliz como esos papelitos que cayeron símil telón en la salida del Gasolero allá en Vicente López.

El homenaje es para ese 11 inicial que al sólo leerlo en algún artículo de época parece salir casi de memoria: Pablo Campodónico, Elvio Zamuner, Christian Smigiel, Hugo Cazajus, German Aldirico, Maximiliano Gómez, Guillermo De Lucca, Gustavo Ortiz, Héctor Orellana, Diego Katip y Daniel Bazán Vera.

Aquella aguerrida formación Celeste de Ostúa alternó malas y buenas hasta llegar a pasar 7 partidos sin perder. Cuentan los que se acuerdan todo de memoria que una vez clasificado, esa formación funcionó perfectamente en el torneo reducido de la mano del aliento de su público.

La estadística ya es leyenda marcada en la piedra y dice que el 24 de julio de 1999 en cancha de Banfield Temperley como local enfrentó a Defensores de Belgrano y que hubo goles de Bazán Vera y Katip para nosotros, y uno de Barrone para ellos; luego el 31 de julio de 1999 en Platense se logró el ascenso y la vuelta al Nacional B tras un 0 a 0 para el infarto.

Aquella tarde, que se me antoja nublada, fría y en llovizna, a nuestro equipo lo acompañó una caravana de más de 15 mil hinchas. Todos embanderados en bufandas y abrazos de color Celeste. Por esos días la vida sólo tenía sabor a hazaña única. Esa que logró el querido Temperley que aún en plena penuria económica se dio el lujo del despilfarro… Del derroche mágico de la pasión.

Por Federico Gastón Guerra

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