Eche algo más de 20 centavos en la ranura…

Una luna plata, homenaje a Jorge Luis Borges, teñía de gris un ajado asiento de uno de los coches del tren lento que iba a San Carlos de Bolívar. Por suerte me bajaba mucho antes del fin del recorrido cada semana. Mi fin del viaje era en Empalme Lobos, una estación doble que unía ramales otrora vergel de esa fiesta ferroviaria que era el Provincia en Buenos Aires.

Un libro era mi compañía cuando desde Temperley tomaba esa formación para ir a trabajar al diario La Palabra, querido semanario donde me gané la vida de periodista por un tiempo. Allí escribí, también, a cuatro manos el libro Pasatiempo con parte de la historia de ese pueblo grande llamado Lobos.

Y de tantos viajes cada martes recuerdo que lo libros eran la compañía perfecta, hace cerca de 15 años atrás la conectividad era un lujo para pocos. Y de esos tomos bajo el brazo o entre el pequeño bolso que armaba para mi estadía lobense, recuerdo la poesía de Raúl González Tuñón y de ahí su clásico: Eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa.

Aquella poesía en prosa remitía a esos visores del puerto donde los marineros de los años 20 y 30 poblaban ávidos de ver chicas bailando. Y en esos modernos cinematógrafos porteños por esos pocos cobres y girando la manija… todo era color de rosa al mirar por esa suerte de microscopio de la diversión.

Pensaba esto cuando en la semana leía que el próximo torneo repartirá tanto como 3.200 millones de pesos. Para la Primera A (o Súper Liga, como la de los héroes de cuando éramos chicos) quedarán algo así como 2.500 millones y el resto caerá en cascada por el fútbol de las demás categorías que de no atenderlas podrán quedar tan en la vía como esos trenes oxidados que veía en la estación Empalme.

Y ahí viene lo de echar a la ranura para mirar. Deberemos, dicen, todo es así en el “dicen”, abonar unos 300 pesos más al cable habitual para que nuestra vida sea color Celeste… Y así los Fox y los Turner nos enviarán a nuestro televisor las imágenes en vivo del espectáculo del fútbol.
Entre tantos millones y dinero a pagar, esta semana mi amigo Luis del Barrio San José me contaba una anécdota de verano. Esa de cuando se fue a Necochea y una tarde brumosa se fue con su hijo a ver al Gasolero un amistoso con San Cayetano.

“Nuestro equipo iba en un colectivo escolar de esos naranjas. Iban saltando y gritando como chicos, como hinchas”, me dijo Luis y sumó que “en la tribuna de madera éramos nosotros dos alentando a Temperley. Los de San Cayetano se gritaron todo. Para ellos era jugar con un grande. Y para nosotros dos también ellos jugaban con un grande”. Todo muy lejos de esas enormes cifras todopoderosas del metal.

Sin dudas, amigos, González Tuñón dio en la tecla allá por las postrimerías de la década del 20 cuando en su prosa poética detalló este presente: “Y no se inmute, amigo, la vida es dura, / con la filosofía poco se goza. / Eche veinte centavos en la ranura / si quiere ver la vida color de rosa”. O Celeste.

 

Federico Gastón Guerra

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