Desde el alma (Celeste)

Mi abuela escuchaba en una vieja radio NOBLEX que, parafraseando El último organito, molía tangos desde sus parlantes gastados y hasta despegados. De ese receptor negro y plateado salían esos temas que son piezas de joyería como Desde el alma. Uno de chiquito aprendió a tener en esas melodías sus referencias musicales que ya se quedaron a convivir con las más dulces de las emociones.

Y Desde el alma es el abrazo que nos dimos con el Celeste en la ciudad de Caseros en la cancha de Estudiantes de Buenos Aires con la buena excusa de jugar un partido de Copa Argentina versus Las Parejas de Santa Fe.

La excursión empezó en la tarde fría que empujaba a las nubes para que el sol nos preste esos rayos débiles que iluminaban el termo de aluminio y reflejaban brillo al cebar cada mate en el colectivo que desde la Peña de Turdera nos llevó a las entraña del estadio donde el pueblo Gasolero fue a festejar su permanencia en la A. Uno de esos momentos que se parecen a la figurita más difícil de ese álbum que nunca llenamos en la escuela primaria.

Una ola Celeste bien de Temperley ahogó todos los pronósticos y tiñó esa tribuna pintada de blanco y negro. Fue lenta la caravana porque éramos miles de agradecidos que en una suerte de procesión colmamos la General Paz de cantos y sonidos al cielo.

Pocas veces se ve, y menos se es protagonista, una caravana inmensa sin principio ni fin que solo viaje para decir GRACIAS. Ese fue el mensaje que nos dejó a todos envueltos en cantos que son emblemas y lo dicen todo: “No se compara, con otra hinchada, yo soy Celeste, en las buenas y en las malas…” “Gasolero me enamore de ti / Gasolero siempre vas a existir / la locura de ver a Temperley (…)”.

Y fuimos felices durante todo un partido donde nuestra camiseta fue protagonista con dos goles de factura memorable: hermoso tiro libre de Mancinelli y mejor definición de Ozuna para redondear el resultado frente a un equipo del cual surgió Jorge Valdano y debe haber hecho na mueca de aprobación a este Temperley que jugó prolijo, serio y se llevó su premio.

La medalla ya se la colgamos nosotros a todo un plantel que hizo una verdadera hazaña futbolera que ya está pegada a nuestra piel como esos abrazos que le das a tu hijo o a tu viejo y sentís, (gracias Serrat por estas poesías) que “la vida te besa en la boca”.

La vuelta fue en paz con nuestras emociones. El presente es un carnaval que fluye y vibra y vale la pena secarse aún las lágrimas de tantas historias vividas y sufrimientos de hincha en estado de crisis sobre el final del torneo. El micro escolar de la Peña trajo a este puñado de simpatizantes con caras de satisfacción que, como en el reflejo de las ventanillas, ven luces alrededor del camino.

Y acaso, repasaba, ya frio y cansado (“Estos paseos de visitantes se parecen a los relatos de Julio Verne. Ponéle a tu nota Viaje al centro de Caseros”, me dijo mi compañero de asiento) como aquella milonga que disfrutaba mi abuela tiene tanto de este hoy que vivimos: “Alma, no entornes tu ventana / al sol feliz de la mañana./ No desesperes, /que el sueño más querido /es el que más nos hiere, /es el que duele más”. Pero el que más disfrutamos cuando al color Celeste lo abrazamos Desde el alma.

Por Federico Gastón Guerra

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