No sólo es cuestión de fe

El relator de la radio festejó el Gol de Temperley en Junín sabiendo que narraba una de esas peleas de boxeo donde el rival está contra las cuerdas porque el retador lo tiene a punto de KO. Una mano de esas imposibles salió de entre el enjambre de brazos y jadeos y tomó dirección de mentón. Parece que tambalea. Pero parece…

El Celeste lo tuvo. O al menos abrió el camino sobre el final de un primer tiempo incómodo. Sabían nuestros jugadores que podrían tener una y no debían fallar. No fallaron en el área ajena pero sí perdieron la brújula en la propia de cara al complemento. El DT decidió lo que se me cruzó por la cabeza no debía hacer: defender 45 minutos ese Gol. Y así fue. Pero sin defenderlo.

El bendito diario del lunes condena a quienes comentamos horas después de consumado el hecho que ese no parecía el camino. El ABC de este deporte suele decir que la mejor defensa no es buen ataque sino tocar la pelota, tenerla, jugar con ella, buscar espacio para el segundo en la desesperación del rival en llegar al empate.

No se puede obviar que el 3 a 1 con Tigre nos dejó como quien pone las pilas gastadas al sol un día de verano. Ese impulso de energía nos hizo pensar que habíamos encontrado cartas de Gol que llegaban a domicilio. Cada partido es un pequeño campeonato de 90 minutos. Sarmiento tenía otra necesidad y nosotros aún más.

Al segundo tanto de Junín apagué la tele y seguí, como todo el partido, con la radio en esa mezcla de impotencia y fe. Esa que seguimos teniendo desde el momento en que termina el encuentro y ya pensamos que tenemos dos de local y que en una de esas…

Ya para el pitazo del árbitro estaba caminando por una plaza que hacía ver mi sombra tan larga como la esperanza que llevamos cada semana. Y pensé ahí mismo que esa proyección era producto de un febo enorme y potente de fin de verano. Es que un sol naranja y bello no sólo ilumina sino que también teje enorme conos oscuros. Eso, dije, fue el encuentro con los de Victoria la semana pasada: una luz potente que proyectó su crepúsculo en el estadio Eva Perón.

Aquella tarde hicimos 3 pero también nos empataron al ir ganando. Luego supimos tener carácter y salimos adelante. Porque decidimos hacerlo. Tanto el DT como los jugadores supieron que la llave del triunfo estaba en jugar. Jugar. Tocar. Saberse más.

No todo es cuestión de fe, amigos. También es actitud. Suerte. Picardía y saber cuidar lo que se tiene. No se trata de ahorrar y esperar que la vida pase. Se trata de invertir y apostar a ganador. Se trata de saber que si la vida te da esa oportunidad y uno se queda sentado el tren, como aquel que fue a Junín en 1974, se va. Y se va a ir si sólo tenemos la Fe de tomarlo pero no sacamos boleto ni caminamos a su encuentro.

Por Federico Gastón Guerra

Comentarios