Las veces que sea necesario…

En un contexto donde vivimos días de angustia futbolística, nuestro columnista Federico Guerra nos enciende una chispa de ilusión pasando por recuerdos, reflexiones y arribando a la conclusión de Mario Benedetti. Imperdible, para volver a ponernos de pie cuando se vienen tres fechas importantes para el futuro del Gasolero.

Por dónde empezar. Nos duele a todos y por todo el cuerpo. Sentimos cada gol en nuestro arco como una paliza brutal justo en el centro de la esperanza que así y todo lo último que se pierde. Se ve todo como bajo una bruma espesa que sabe ácida. Un tul grueso que no tapa el sol pero sí la claridad. Detrás estamos todos los hinchas, socios y simpatizantes de toda la vida entre lágrimas y muecas de fastidio y dolor.

Querido Celeste. Amado Temperley. Andás por el piso si es que hablamos de fútbol, andás como un barco loco sin sexante, brújula, mapa ni GPS. La cancha te queda grande, los espacios pequeños. Un gol a favor te tumba y uno en contra es un empezar el final de cada partido.

No quiero una vez más que me gane la nostalgia. En la mezcla de todos mis sentimientos ando cercado. Desde esta pequeña tribuna de letras y palabras te juro que lo intenté todo. Desde mi tribuna de cemento también lo dejé todo en cada grito y en cada convocatoria. Aún en estas donde somos pocos pero representamos a todos los buenos.

Dicen, y ya lo escribí, que los recuerdos viajan más de prisa que la velocidad de la luz. Y a casi 2 años del ascenso a la A se me filtran como flechas tantas imágenes, colores y emociones que  me cuesta concentrarme en este presente que duele. Pocos en las tribunas, comisión directiva herida, jugadores que lejos de armar un equipo parece piezas inconexas de distintos puzles en la cancha. Sin DT.

No es queja. Es sólo un malestar que invade. Socios que reclaman. Hinchas que esperan el milagro de la salvación, como siempre cinco segundos antes de la muerte como escribió Almafuerte, y todos hablando y hablando de Temperley. Hasta hechos violentos andan saludando y avanzando sin pedir permiso.

Pensamos que los que no están son los mejores del mundo. Creemos que los de adentro no cuentan con credenciales. Tal vez es una mezcla de todo. O todo eso.

La estamos pasando mal goleados en canchas ajenas y en la propia. Y como en una ciénaga pareciera que todo lo que podamos hacer es inútil. Moverse o quedarse quieto es igual para hundirse. Aunque siempre hay una soga que tirará hacia arriba si la buscás. De los laberintos también se sale por arriba si no se encuentra la salida en superficie.

Duele ver a los jugadores caídos y golpeados con el escudo Celeste en el pecho. Porque la vida se trata de ganar y de perder. Pero la receta es ponerse de pie y jamás resignarse. No es sólo salir a buscar culpables como si ahí estuviera la solución. Sin dudas habrá quienes deberán reflexionar por sus acciones. También comparto la prudencia de muchos medios partidarios que prefieren reflexionar con argumentos válidos.

Déjenme, no obstante, como hincha Gasolero decirles que Hablando de fútbol equivocamos el camino. Pero se puede enderezar la balsa antes de ir derecho a los tiburones. Claro que me sumo al aplauso de todos al retirarse el equipo una vez más derrotado. Aunque no quiero ser sólo aliento sin recibir una caricia a mi Alma Celeste. Siempre estaremos ahí. Ya les pedí a ustedes jugadores que no nos dejen tan solos… Los esperamos. Sepan que aquí estamos.

No les pedimos que nunca caigan. Eso no es la gloria. La Gloria, ya lo dijo  el inmenso Mario Benedetti, “no consiste en no caer nunca, sino más bien en levantarse las veces que sea necesario”. A levantarse…. Los esperamos. Los necesitamos. Porque el aliento siempre será nuestro, pero si al menos lo intentan… la Gloria será  por siempre de ustedes.

Federico Gastón Guerra

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