Fuimos a ofrecer el corazón

Un día hubo dos cielos. Sí. Fue el domingo 25 de septiembre en La Plata. Uno allá en lo alto. Otro acá en la tierra: en el estadio Único en la ciudad de las diagonales. Antes, ese firmamento se formó en Temperley. Ahí en la puerta del club de nuestros amores. Y fue en caravana hacia la capital de la Provincia. El Gasolero tenía una parada tremenda que fue difícil. Hacía 29 años que no gozaba con su gente en las tribunas de visitante en PrimerA. Y vaya que la fiesta fue y será inolvidable…

Antes quedaron días de preparar la excursión. Que buscar la combi o colectivo que vaya hasta La Plata. Que dónde venden las entradas. El sábado se hizo casi con el sol de la madrugada para quienes desde las 8 salimos de casa a comprar la localidad para ver a Temperley contra Estudiantes. Ya había gente desde antes con el mate o café en una mañana fría de primavera. Y el domingo salir temprano rumbo a la 9 de Julio para llegar antes del horario para sumarnos a la caravana.

Ahí las lágrimas salieron juntas y de apoco. Cómo quien desoja las margaritas y va tirando pétalos por el camino para saber la vuelta.  Fue mi amigo Marcelo González quien me dijo que ya pasaron 29 años de la última vez que en Córdoba enfrentamos a Talleres con público visitante… Entre las bocinas y las banderas los colectivos, combis, autos  y motos iniciaron una peregrinación que fue vitoreada en cada esquina durante kilómetros. Una de esas películas que sólo se registran con el corazón que es especialista en decirle a la razón que se vaya a pasear cada tanto.

Fueron kilómetros de bocinas y banderas. Una algarabía que parecía sacada del país más feliz del planeta. Compañeros ocasionales servían de charlas largas y emociones aún más extensas plagadas de recuerdos  de esos que sólo el Gasolero sabe atesorar: “Debe ser el único club del mundo que volvió de la muerte y otra vez copa un estadio de PrimerA”, gritó un hincha y fue tan aplaudido que aún tengo ese sonido dando vueltas…

Ese estadio Único es tan único como su nombre lo indica. Estar ahí es un placer para pocos. Estar junto al Celeste ahí fue un placer de todos nosotros.

Luego el partido fue un capítulo difícil. Con enojos y algunos reproches. Juego que intentó ser pero al que le faltaron intérpretes para que la partitura tuviera, tal vez, la melodía deseada. Faltó peso en las áreas y se notó, y se pagó con creces…

Tal vez esta pequeña crónica podría leerse si este último párrafo. Pero lo sumo porque me gustaría tener muchos más de estos viajes con más de 8 mil fanáticos que vamos a entregar nuestros corazones. Vamos con tanta ilusión que pocas cosas más nos importan.

La vuelta fue más tranquila. Reflexiva y agotadora. Ya en casa, en Turdera, nos esperaba la familia y los restos de la Fiesta de la Primavera que hace años se despide en la plaza principal con un desfile de carrozas y pintadas en las paredes. Alguno la supo bautizar como la Fiesta de la vida. Tal vez porque ese millar de adolescentes disfruta de cada  momento como el último. Sin dudas,además, porque el vivir está lleno de emociones y sabores como los que sentimos esos miles de locos por el Cele.

Acaso, como dice Fito Paez, en su popular tema: “Quién dijo que todo está perdido? /Yo vengo a ofrecer mi corazón / Tanta sangre que se llevó el río, /Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Para qué abundar en más detalles.

Vamos Celeste no me afloje. No nos afloje y “(…) no te rindas, por favor no cedas, / aunque el frío queme, /aunque el miedo muerda, /aunque el sol se ponga y se calle el viento, /aún hay fuego en tu alma, / aún hay vida en tus sueños/ porque cada día es un comienzo nuevo, /porque esta es la hora y el mejor momento. / Porque no estás solo, porque yo te quiero”. GraciasMario Benedetti por este poema que se llama igual a lo que le pedimos a nuestro amado Temperley: “No te rindas”.

Por Federico Gastón Guerra

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