Nos merecemos bellos milagros…

Temperley es de Primera. Y te invitamos a seguir disfrutando este hermoso momento con la columna de Federico Guerra, nuestro amigo historiador, poeta y socio del Gasolero al que le fue inevitable reflejar su sentir en una nota con tanguitos, milongas y mucho, pero mucho, corazón.

Uno que es tanguero anda a flor de labios con aquel verso de Naranjo en flor: “Primero hay que saber sufrir, después amar (…)”. Y así es la vida del amado Celeste que te lleva por la nostalgia, por la pasión y por el sufrimiento hasta que te desemboca en el amor. Con acordes del 2 x 4 vino este último domingo de llovizna y frío donde sí salió el tiro del final parafraseando Desencuentro.
Una sucesión de pensamientos de todos los sabores cayeron por nuestras cabezas días antes de este 2 a 0 glorioso con Newell´s. Pasamos de lo peor a lo mejor en cuestión de segundos. Por eso nada podía ser más pasional que esa tarde en garúas. La famosa cara y ceca de la moneda que baila un rato en su propio eje antes de caer y dar su suerte…
Pensar que estaremos de mínima un año más en Primera A. Que seremos uno más dentro de ese lote que discute cada fin de semana con los más grandes. Ver desde las gradas a los nuestros lucir esa casaca cielo que nos paraliza el alma y nos deja extasiados en cada Gol.
Ver llorar a los de al lado y verlos como en penumbras porque vos (yo) también estás en lágrimas que caen lentamente por las mejillas frías de la intemperie y del sufrimiento. Darte un abrazo con tu viejo y ver que habrá otras alegrías y otras tristezas pero que ahí estaremos para acompañarlas.
Fuimos averno y somos cielo. No podemos olvidar que hubo una comisión de apoyo allá por el no tan lejano 1993 que hipotecó hasta sus propias casas para que Temperley vuelva a las puertas del reino de la vida social. Tras dos años, tres meses y once días de persianas bajas hubo una segunda fundación del club que posibilitó que la caprichosa redonda vuelva a besar el palo, rozar el ángulo o escabullirse en alguna pierna entre la media y el botín del defensor…Aquello fue la C… Esto es la A y por otro año más.
Somos como un milagro futbolero que tiene fundamentos en sus hinchas, sus socios, una dirigencia que acompaña y un grupo de jugadores que en el salto en una pierna de Chimino mostró que supo estar a la altura de la historia… Habrá muchos cafés para tomarse y ver aquello que no funcionó… ya el tiempo hará de cada pocillo una pregunta que entrelazará respuestas en su humo tibio y embriagador.
Hubo fiesta en el Alfredo Beranger. Color a firmamento y olor a pasión. Hubo pitazo final y mocos en la nariz. Y en esta mezcla de exaltaciones que es el fútbol me permito tomarle prestado a Cortázar la idea de la de la rayuela y las piedras que el hincha debe saltar cada fin de semana en su recorrido hacia el fin del campeonato.
Fue entre saltos y puños apretados al grito de Tem Per Ley que me acordé de un partido con San Miguel que fui con mi mamá y mi papá y que ganamos 1 a 0 en aquel infame 1991 cuando eso era algo más que un milagro. Y también pasó como un flash esa caminata hasta la puerta en aquel match con Rosario Central que canallescamente nos empataron y dieron la vuelta y nos fuimos a la B, Platense mediante, e injusticia consumada por esos días… Y lo más triste fue no poder estar ahí adentro. Yo era chiquito, 8 años, y mi papá creo que simuló que íbamos a entrar pero las entradas estaban agotadas y revendidas desde hacía mucho…
Y hoy somos puro presente de alegría y de pensar que un año más en la A nos espera. Con miseria y virtudes. Con todo lo que debemos pensar sobre lo bien hecho y sobre aquello que tendremos que mejorar para ser más realistas que soñadores en los próximos 12 meses… Pero ahora déjennos festejar un rato más y darle la razón a esa bandera que colgada desde la platea rezaba: Nos merecemos grandes milagros, y ocurrirán.

Federico Guerra 

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