Fueguitos

Te invitamos a leer el análisis con la prosa característica del historiador de Temperley, socio y amigo Federico Gastón Guerra, un poco con las luces de Galeano, otro poco con la amargura que teníamos todos anoche. Pasá, descubrí el paisaje en cada uno de los versos. Y, porqué no, soñá con que los fueguitos se mezclen en un gran fuego de permanencia en el tramo final del torneo.

Por Federico Gastón Guerra

Arropado en la gélida noche de Turdera, apenas terminó el 0 a 0 más apático que vi en bastante tiempo (sumó Newell´s Old Boys, pero al menos fue de visitante) pensé mientras bajaba los escalones del Alfredo Beranger en un texto del gran Eduardo Galeano. Él, quien fue un maestro de lo breve supo definir más que nadie las sensaciones de un partido que al final casi que lo perdemos sino fuera por ese pibe de oro llamado Federico Crivelli (me pongo de pie).
Galeano decía en uno de sus artículos de El libro de los abrazos (vaya que anoche lo necesitábamos) que el mundo es un montón de gente, un mar de fueguitos. Y agregaba que cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
Esto viene a cuento de una oscuridad helada que fui pisando al irme a casa solo con la cabeza en un café y en olvidar lo pasado. Es que no hubo buen juego por parte de nuestros futbolistas que lo poquito que intentaron lo dejaron en los pies de la imperfección que fue reina en la jornada. Sarmiento de Junín hizo su negocio y casi se lleva mucha leña para encender sus llamas altas de la esperanza de quedarse en la Primera A.
Llegué a casa y fueron tantas las ansias de encontrar ese texto que antes de cualquier bebida caliente busqué entre los anaqueles de la biblioteca ese ejemplar y di con el texto completo de Don Eduardo
Ahí el escribió que “No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.
Y no pude dejar de pensar que ese 0 a 0 fue esa suma de cada uno de los fuegos. Los grandes, los que ardieron en la pasión de las tribunas abarrotadas de Celestes; los chicos, esa entrega tan mezquina aun jugando en Primera; y de todos los colores en ese clima de fiesta en la cancha.
El fuego sereno fue de nuestro DT que comenzó jugando con un planteo que no encontró en los volantes la creación necesaria para que los delanteros tengan la posibilidad de recibir acciones de juego que  los dejen de cara al ansiado Gol; fuego loco en algunas arremetidas sobre el final en la incorporación de Negro López y Grbec para buscar la heroica; fuego bobo en esa pelota perdida por la defensa en el final del partido que Fede Crivelli neutralizó como sólo él sabe hacerlo.
Y también hubo de esos otros, como plasmó Galeano, que  arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende. Ese es el de estas ganas inmensas de ver al querido Temperley en cada cancha que pasee la Celeste.
La síntesis me la dejó un hincha con quien compartimos la vuelta: “Sabés que pasa, hoy jugamos horrible y estamos muy enojados pero ya estamos preguntando cuanto falta para que juguemos el próximo partido así volvemos a alentar”. Y si de fuegos se trata, los Gasoleros somos la llama que alumbra la noche. Ojalá Ricardo Rezza junto con nuestros muchachos encuentre en esta lumbre el calor y la luz que los ilumine al Gol. Ojala.

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