Dispuestos a Morir

La metáfora puede sonar gastada, pero es efectiva. Témperley es como Rocky Balboa. Desde la pilcha te das cuenta que es menos que sus rivales. Desde los primeros movimientos torpes, poco sincronizados, casi de un amateur.

Y en los primeros rounds lo cagan a trompadas. Se come todos los amagues, sus golpes hacen parábolas en el aire y sus rivales se florean haciéndolo pasar de largo.

Cuando queda atrapado contra las cuerdas, y madura el nocaut, los comentaristas imparciales utilizan frases irónicas acerca de las diferencia de títulos y de capacidades. Con ganchos de palabras punzantes se suman también al festín de la paliza, presagiando un final que los hará quedar como los gurúes del apocalipsis.

Pero cuando la pelota pega en el palo, y la trompada más furibunda de todas explota contra su mandíbula, Témperley cae al suelo de rodillas, escucha como en un sueño la mezcla de gritos y alaridos del Beranger, y cuando hasta los propios hinchas desean que se quede en el piso, se levanta una vez más.

Y el rival sigue golpeando, pero sus golpes ya no parecen tan letales. Y de repente una contra llega a destino, y la música de Rocky empieza a sonar por adentro de las almas de Turdera.

“Pegame más”, gesticulan los soldados de Rezza. Y uno percibe que el contrincante pierde la línea. Ya no emboca las manos, ya le duelen las piernas, ya comienza a entender que la batalla no será tan fácil.

“Para ganarme, tendrá que matarme. Y para matarme, también tendrá que estar dispuesto a morir”.

El cartel con las palabras de Balboa debería estar pegado en los vestuarios del ring gasolero. O tal vez ya se lo tatuaron en secreto todos los soldados de Rezza, del lado de adentro del corazón.

Puede perder Témperley, con cualquiera. Pero para ganarle, van a tener que estar dispuestos a perder. Y para mandarnos de nuevo al Nacional, van a tener que matar a estos guerreros, y al sueño sin límites de todos los que peleamos con ellos cada vez que empieza un partido.

Y las batallas siguen, aunque nos golpeen una y otra vez, aunque nos digan que no se puede, que no hay manera, que hasta acá llegaron.

La batalla sigue, porque todavía no suena la campana. Y la música de Rocky está sonando. Y el relator dice: “Bienvenidos a territorio gasolero, donde el que quiera ganar, va a tener que matarnos, y para eso, sepa que también, puede morir”.

Gabriel Ramonet (periodista de El diario de El fin del Mundo, de Ushuaia. Socio fanático del Cele)

Comentarios