Me van a tener que disculpar…

Yo se que esperamos 27 años un momento como este mis amigos, también se muy bien que en el medio estuvimos en coma, volvimos a vivir, que hubo tipos que pusieron sus casas para que un club de barrio, social, lleno de historias, de alegrías y tristezas colectivas, siguiera de pie pese a los caprichos del poder judicial. Yo se que nunca estuvimos tan cerca como ahora de volver a ser, de soñar con la Bombonera, Avellaneda o el Monumental. Pero me van a tener que disculpar. Aún no conseguimos nada. Y cuatro pasos en falso podrían dar por tierra tanta ilusión, extinguir los abrazos y sumirnos en una depresión que no sería fácil superar.
 
Para los creyentes. No puede faltar
Yo se que estamos en un momento histórico, que el club está reluciente, que hay más de 10 mil socios y que en el fútbol de la mano de Ricardo Rezza se han recuperado la mística, el respeto y la esperanza, que salimos de la B Metro tras 14 años de insoportable prisión y que con hambre, humildad, solidaridad, templanza, carácter y sentido de pertenencia sus soldados nos han conducido a un contexto inimaginable hace sólo seis meses atrás: conseguir un segundo ascenso consecutivo y nada menos que a la Primera División de nuestro fútbol. Pero me van a tener que disculpar.Yo todavía no puedo festejar, porque Temperley me enseñó otra cosa: me enseñó a transpirar nervios, a sufrir como nunca antes, a encontrar la luz una y otra vez cuando parece que todo está perdido. Y se que vamos a sufrir mi viejo, es parte de nuestro ADN, por eso mantengo la fe pero soy conciente que en nuestro planeta gasolero sin sufrir no vale…
 
Yo se que algunos de los que me están escuchando lo vieron imponer autoridad ante Boca o que deliraron con aquél tercer puesto en la «A», pero también se bien que perdimos generaciones de hinchas por deambular tantos años en la tercera categoría, que supimos recibir cachetazos de Armenio, Colegiales, Flandria y otros tantos verdugos de ocasión, que estuvimos muertos aquella noche del 3-4 en Pilar y que de no haber sido por la refundación que hizo Rezza de este equipo aún estaríamos por esos pagos, sufriendo, como Atlanta, Platense, Morón y varios equipos importantes de esa división. Por eso me van a tener que disculpar. No puedo festejar nada todavía, no puedo disfrutar de un segundo puesto parcial que puede terminar en la nada misma si nos relajamos. No puedo creer que todo está cocinado cuando a mi Temperley me enseñó que nunca hay finales relajados ni tranquilos, que me acostumbró a estar preparado para el gol agónico, para rezarle a la Virgen hasta el último minuto del partido final para ver si se nos da ese milagro que tanto anhelamos.
 
Desahogo. Rojas en el último minuto, a lo Temperley. 
Vos, yo y todos sabemos que hace poco tiempo nadie daba dos mangos por un Tonga que es nuestro héroe pero que en San Lorenzo le habían perdido la paciencia a sus lesiones, que Crivelli tenía un pie afuera de nuestro club hasta la noche mágica de los penales, que a Brandán alguna vez Duró no lo quiso en una prueba en Pasteleros, que a al Chino Sambueza lo subestimaban por ser «el hermano de», que a Arregui nadie se lo imaginaba fuera de equipos como Berazategui o Italiano, que a Roselli le decían que «estaba de vuelta» tras sus pasos por Newell’s, Quilmes o Atlético Tucumán, que a Tiki Tiki nadie lo imaginaba triunfando cuando tras una discreta temporada en Acassuso, la dirigencia pensó en él; que de Grbec nadie se acordaba tras una temporada con poco rodaje en Ecuador y que a Dinenno le faltaba mucha sopa, por eso Racing lo mandó a un coaching en tierras celestes. Hasta de Rezza se decía que «ya no está para la B Nacional», tras su última experiencia con San Carlos. Pocos creían en ustedes muchachos. Y si están acá es porque sólo ustedes transformaron sus realidades. Pero me van a tener que disculpar. Tienen la gloria al alcance de la mano, es cierto, pero aún no conseguimos nada.
 
De ustedes depende que los sueños de miles se hagan realidad, que sus viejas, padres e hijos lloren orgullosos por los huevos que pusieron hasta la última pelota aún si el objetivo se escapa, que los periodistas que los apodaron cenicienta y que imaginaban papelones vuelvan a rendirse a sus pies, conmovidos ante tanta entrega, amor y locura colectiva en pos de lo que para el hincha sería lo más lindo del mundo. Tienen la gloria en sus manos. No la dejen escapar. Y creanló soldados que con lo que ustedes han sabido mostrar, son capaces de lograrlo. Y no harán falta ni disculpas ni agradecimientos, ni nada más. Me van a tener que disculpar los más mesurados, pero si ustedes consiguen esta hermosa locura serán héroes por toda la eternidad. 

Pudimos, podemos. Ustedes pueden hacerlo otra vez.
Pepe Tricanico (@pepetricanico)

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