El profeta del subte C

Había salido del trabajo un poco más tarde de lo previsto. Ya habían pasado unos 30 minutos de las seis de la tarde y no veía la hora de llegar al Beranger. Fui al Metrobus, el bondi no venía… de ahí fastidioso, ansioso, impaciente, metí una corrida hasta la boca de subte en la estación Moreno de la línea C. Subí, miré los mensajes de todos los gasoleros en las redes sociales con el hashtag #VuelveTemperley, sonreí, pero la voz resonante del locutor del tren de Metrovías me volvió a desdibujar la sonrisa: «la formación finalizará su recorrido en la estación Independencia»
Bajé, miré el reloj y los primeros minutos fueron largos. Estaba muy abrigado como para el calor subterráneo, me quité mi bufanda de la SCO y la sostuve con mi brazo. Entonces, comenzó el momento más agradable de la espera. Un señor estaba junto a su señora y me preguntan por el «Gasolero». Así, comienza un diálogo que terminaría siendo celestial…
 
– ¿A que hora juega Temperley hoy?- me preguntó. Y le respondí: «A las diez y monedas. Yo voy para la cancha, a transmitir el partido». Me miró fijo, sonrió y me dijo: «Mi sobrino juega ahí. Deci en la radio que pongan a mi sobrino, que si lo ponen asciende Temperley. Acordate». 
 
Rojitas hace delirar a todos. Su tío lo anticipó… creer o reventar!
– ¿Y cómo se llama su sobrino?- le consulté. «Ariel Rojas», me dijo. La charla culminó cuando el señor me dijo que «Rojitas» es de la zona de Lonchamps y que su señora, se apellida Rojas. El milagro que vaticinó aquél hombre menudito, picarón y con mucho aire de buen futbolero, se hizo realidad en el minuto 90 de partido cuando el pichón convirtió el 1-0 que nos llevó a los penales. Y fue más grande su presagio porque Rojitas también pateó el séptimo penal, el que le dio la ventaja a Temperley por 5-4 para que luego Crivelli hiciera lo suyo ante Humberto Vega y festejara toda la Patria Gasolera. Todavía no lo puedo creer. ¿Fue una mera casualidad o una señal de Dios de que la tardenoche del 8 de Junio y la madrugada del lunes 9 serían inolvidable para todos nosotros?
 
Hoy charlamos con Ariel Rojas, lo felicitamos como a todos los jugadores. Y le comentamos la anécdota. Su tío, Eduardo Sosa debe estar inflando el pecho. Y le agradecemos por haber tenido ese tan hermoso presagio que los jugadores -con la bendición divina- pudieron hacer realidad y convertirlo en épica pura. «Hace mucho no lo veo a mi tío», nos contó Ariel. Después de esto, haremos lo posible por juntar al profeta y al pibe en uno de nuestros próximos programas. ¡Salud Gasoleros!
 
Pepe Tricanico (@pepetricanico)
 

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