Emociones

Volvió el fútbol para Temperley. Y también para el equipo deportivo más celeste del dial. Ansiedad, silencios de radio, homenaje a D10S, pitazos del referí y el sonido de la redonda inflando las redes del arco de la Biondi. Algunas de las emociones capturadas en una tarde inolvidable…

Si tuviera que resumir esta pequeña crónica en una sola palabra, sería en plural: emociones. Hace mucho que no se sentían tantas en un solo partido jugado en el Alfredo Beranger. Preparar el mate para tomar solo, llenar declaraciones juradas de protocolo y normas de estos tiempos de pandemia, y asegurarse de llevar el alcohol en gel más que el cuaderno de apuntes y las biromes.

Andar a los codazos con los compañeros en la cabina de trasmisión, escuchar los pájaros en el micrófono de ambiente como alma de un partido jugado sin gente y con mucho fervor por Temperley y por Ferro Carril Oeste. Sin hinchas en las tribunas, solo pobladas por algunas banderas celestes y el rostro de Diego estampada en muchas… Diego…

La primera de las emociones se dio en las palabras iniciales que dijimos por la AM 1520 La Voz del Sur, luego de meses y meses sin transmitir fútbol por la radio. El relator inició potente y con pilas cargadas. Este comentarista leyó aquellos versos del tango Volver que rezan: “Yo adivino el parpadeo / De las luces que a lo lejos / Van marcando mi retorno (…) / La vieja calle /Donde el eco dijo / Tuya es su vida / Tuyo es su querer (…)”. Todo dedicado a este momento…

Luego un cielo celeste potente bañaba en sol todo lo que se veía hasta que los equipos salieron a la cancha y se pararon en un M trazada con conos en la mitad de la cancha. Una ceremonia simple, sencilla, pero con un respeto tan profundo a Diego Armando Maradona que esa misma tarde se empezó a nublar en lágrimas mientras de fondo el silencio apenas, como homenaje, se cortaba por algún tero que interpretaba como con un clarín ese sonido a afecto .

Ya en partido la pelota rodó en los pies verdes del visitante hasta que se acomodó el Temperley vestido de historia (casaca roja con vivos verdes como aquella primera de Centenario, y un poquito de celeste como será la de siempre). 

Hubo un complemento con esa alegría inmensa que es llenarse y contar un Gol del Celeste siempre a tantos amigos oyentes que del otro lado estaban firmes desde todo el país y más. Mar del Plata, San Telmo, Ushuaia, Tucumán, Bahía Blanca y todo nuestro Sur conurbano y más y más…

Ese tanto Gasolero fue un poema que el 10 (ahí el homenaje de la tarde para el más grande) Ariel Cólzera empezó a escribir de zurda para que Baldunciel inflara esa red que llevaba meses sin saber lo que se sienten esas cosquillas que acarician el alma.

Ferro toco mucho y le imprimió volumen de juego a todo el encuentro, Temperley fue encontrando funcionamiento en ese andar punzante que es la pelota directa de los que conocen la mitad de la cancha a los que son esgrimistas del área y saben de ser certeros…

El relato de los últimos minutos fue en vibrantes acordes de “te lo cuento como si fuera la final del mundo a vos que estás con la radio”. Yo acoté que estaba bien, que aunque no era la final del mundo, sí podía ser el principio de un mundo de lindas alegrías…

Sin tiempo para más hicimos un largo pos partido hasta que “la pelota se hizo luna”, en homenaje al gran Osvaldo Wehbe y esas frases maradoneanas. Un disco de plata que iluminó el fin de una tarde inolvidable en la cual trabajamos con muchos cuidados en el entramado de una pandemia que nos quitó tantas cosas… pero que aun arrancando tantas flores no pudo llevarse la primavera…

Federico Guerra

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