Las manos que bendijeron a la mejor campaña de la historia

La abuela Carolina Coppola lavó a mano y planchó las camisetas del Temperley semifinalista del Nacional 83. Italiana nacida en Calabria, con 87 años, nos cuenta desde San José su historia de amor por esas prendas y por el Gasolero, desde la tribuna…

En 1951 llegó a la Argentina Carolina Coppola procedente de Calabria con muchos sueños como tantos inmigrantes italianos que eligieron nuestro país tras la posguerra. Y tras vivir con su papá un tiempo, se reencontró con Pascual Fusaro –un viejo vecino compatriota que también había venido por su cuenta al país-, se hicieron novios, se casaron en 1959, vivieron en el barrio de Constitución y en 1966 compraron su lote en el Barrio San José, sin imaginar entonces cómo el magnetismo de la zona por el Celeste terminaría haciendo hincha de Temperley a toda la familia.

Pascual laburaba como feriante, en Capital Federal, mientras que Carolina también ganaba su dinero como costurera. De ahí, su amor por el cuidado de las prendas. “Hice vestidos de novia y diferentes ropa por pedido”, recuerda la nona. Tiempo después, en aquél glorioso 1983, sus manos serían las encargadas de dejar impecable cada semana el celeste que vestían Cassé, Aguilar, Piris, Issa, Lorant, Spataro, Masotto, Finarolli, Scotta, Aldape y Dabrowski, entre otros.

Histórico. El Celeste del Nacional 1983 que disputó la semi ante Estudiantes LP.

El antiguo Frigorífico Morrone ubicado en Pasco al 1800 era el punto de partida de las pilchas. “Antonio Morrone, que era el presidente del club en 1983, se las acercaba a Lelu un viejo empleado de la carnicería”, recuerda Carolina, que en ese entonces tenía 50 años.  

El juego de camisetas celestes, completo, esperaba en lo de Lelu que la misma Carolina pasara a retirarlas. “Eran veintipico de remeras, del equipo de Primera. ¡En aquella época no teníamos el lavarropas! Con mucho amor las lavaba yo misma con agua tibia para no afectar su color y las planchaba tomando la precaución de que los cuellitos quedaran prolijos”, detalla la abuela.

Luis, el mayor de sus hijos –los otros son Pedro y Graciela-, se había probado en las inferiores del Gasolero con sólo 14 años en 1974 pero por cuestiones laborales no pudo seguir yendo a las pruebas. “Jugaba de puntero, tengo muchos recuerdos con el club. En 1975 me lo crucé a José María Muñoz en el Beranger, el gran relator de Radio Rivadavia, y me dijo que teníamos una cancha coqueta. ¡No me lo olvido más!”, describe. Cosas del destino, en ese año Temperley había realizado también una gran campaña en el Nacional pero después lo superó en ese 1983 donde cayó recién en semifinales ante Estudiantes de la Plata. Claro, estaba la bendición de Carolina…

Don Pascual, su marido, había tendido dos sogas que cruzaban todo el patio de su casa para que ahí se secaran bajo el sol radiante de un esplendoroso cielo celeste las camisetas de aquél gasolero que quedarían grabadas en la historia. “Tenían un celeste hermoso, las recuerdo bien”, cuenta con nostalgia. ¡Y claro, Carolina, qué podía haber mejor que sus manos! La calidez italiana, los conocimientos de una costurera y la pasión de una nona residente en San José para dejar inmaculadas las pilchas más lindas del mundo, las de Temperley.

Pepe Tricanico

Agradecimientos: A Rubén de San José, fiel oyente, por ponernos en contacto con Carolina y su hijo Luis, quienes compartieron esta hermosa historia con nosotros. Y a los amigos del Departamento Histórico y Museo de Temperley por el asesoramiento constante.

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