La otra caravana a Junín (en Dodge 1500)

¿El tren a Junín? Ahí estuvo todo hincha de Temperley que uno conozca. Pero en esta caravana estuvieron 4 amigos y uno de ellos, Carlos Grecco, nos cuenta la historia desde la tribuna…

Es imposible olvidar ese 7 de diciembre de 1974. A las 6 de la mañana nos subimos al Dodge 1500 modelo 73 que tenía mi amigo Nicolás, con mi cuñado Aldo y Alejandro, otro de nuestro grupo. El destino, claro está, era Junín. Llegamos a las diez de la mañana a la rotonda de Junín, giramos a la izquierda hacia la Laguna de Gómez y estacionamos la máquina debajo de una linda arboleda. ¡Nos mandamos un asadazo tremendo! Era como esos viajes donde te vas a pescar, pero con la posibilidad de pescarte un ascenso a Primera…

Ya teníamos nuestra entrada, por eso a la cancha fuimos recién a las cuatro de la tarde. A esa altura, me había fumado fácil 3 paquetes de cigarrillos en esos días previos por los nervios que tenía. Al llegar, el estadio de Sarmiento ya estaba a un 70 por ciento. Me acomodé en la punta desde donde después pude ver perfecto el gol de Di Bastiano…

¡Fue un partido de hacha y tiza, mucha tensión! Ellos arrancaron mejor, se nos pusieron 1-0 con gol de Garello y era bravo el contexto. Para los pibes, vale recordar que el nueve de ellos era Leopoldo Jacinto Luque que después lo compró River. A nosotros nos alcanzaba con sumar porque en el cuadrangular final le habíamos ganado a Estudiantes (3-1) y teníamos además el empate con Lanús (1-1). Y a los 8 minutos del segundo tiempo nos cobran ese famoso tiro libre y en la tribuna nos miramos…

“Esto puede ser gol”, pensábamos. ¡Di Bastiano siempre había tenido una gran pegada! Y, efectivamente, sacó un zapatazo cruzado que le rompió el arco. Después, se nos paralizó el corazón con el penal errado por Corbalán, pero con ese 1-1 alcanzó, ascendimos y dimos la vuelta.

Una vez que terminó el partido nos quedamos festejando y la gente de Junín, los vecinos, nos felicitaban. Hasta la hinchada del Tatengue nos tiró la mejor y esa energía tuvo su recompensa porque ellos después fueron a un desempate con Estudiantes de Buenos Aires y lo ganaron, con lo cual también ascendieron.

En aquél 1974 no éramos candidatos: en Chicago por ejemplo tenían de presidente a Paulino Niembro (el papá de Fernando, el periodista) que tenía mucho poder e influencias en el peronismo, que gobernaba en ese momento, y todo el mundo del fútbol lo daba como gran favorito. Había dos ascensos: uno lo firmaban todos para ellos y la realidad marcó que después no subieron, sino que festejaron primero Temperley y después Unión. Magalhaes vive cerca de mi casa y me recordó muchas veces esta anécdota, de cómo nadie daba dos pesos por el Gasolero…

La “chapa” de campeón el Celeste la sacó en cancha de Ferro, cuando empata con Chicago justamente. Íbamos ganando nosotros, con un golazo del Negro Corbalán. Y el otro partido clave fue contra Central Córdoba, que tenía al «Trinche» Carlovich y en la tribuna todos hablábamos de lo bien que jugaba. El equipo lo sabemos todos de memoria: Hernandorena; Agostinelli, Panizo, Salvador y Di Bastiano; Veiga, Magalhaes y Biondi; Fierro, Patti y Corbalán. ¡Y también lo teníamos al gran Alejo Escos!

La ruta 7 en ese regreso fue una locura: toda pintada de celeste. Nosotros llegamos cerca de las doce de la noche a la sede social del club y esperamos la llegada del famoso tren, que llegó entrada la madrugada. El plantel salió al balcón que da a la 9 de Julio, con don Colón Fernández a la cabeza y estuvimos a puro festejo hasta las 4 de la mañana. Esa noche de sábado se convirtió en domingo y todavía, con mis 71 años, la recuerdo como si fuese hoy.

Historia de Carlos Grecco

Redacción: Pepe Tricanico

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