La mítica noche de los 26 penales y el adiós a los cigarrillos 43/70

Cada hincha tiene su historia relacionada al ascenso en Huracán. La infinita serie de tiros desde los doce pasos ante Atlanta lo encontró a Alberto Lambruschini, un fiel seguidor del SDT nacido en 1952 sufriendo en la tribuna y con una promesa firme: “Si subimos, dejo de fumar”. Hoy te cuenta su historia, desde la tribuna…

Tenía 15 años cuando empecé a fumar en el Comercial de Temperley. Me llegué a consumir dos atados por día de la marca 43/70, era un vicio difícil de controlar. ¡Hasta había intentado con una pipa! Nada me hacía dejarlo, lo único que pudo lograrlo fue el ascenso a Primera División de Temperley en 1982.

Me puse mi gorrito de cancha y empecé el recorrido. A la cancha de Huracán había ido solo, saliendo desde mi casa cercana al actual COTO de Temperley. En aquél 1982 de Malvinas yo ya tenía 30 años y llevaba casi 15 fumando….

¡Me había perdido muy pocos partidos de esa temporada! Me acuerdo bien que escuché a Guillermo Nimo decir por la radio que el ascenso a Atlanta no se le podía escapar, que no pasaba nada con Temperley y cómo siempre hablaba en contra nuestra. Lo dijo después de nuestra serie en semifinales contra Gimnasia y Esgrima de La Plata con sus famosos latiguillos “shick, shick” y “por lo menos así, lo veo yo”. Después, cuando ascendimos, varios se acordaron de él….

El equipo de Pachamé lo recuerdo bien: Cassé; Aguilar, Piris, Issa y Villalba; Massotto, Esposito, Lacava Schell; Dabroskwi, Scotta y Finarolli. Nosotros habíamos ganado 2-1 el primer partido y ellos 1-0 la revancha, por eso hubo que sufrir con el alargue y los penales.

¡Fue apoteótico! Cada llave fue brava, siempre todo nos costó y hasta pudimos empatarlo, pero Piris falló ese penal. Somos Temperley y es así, sin sufrimiento no vale. Y ese torneo no fue la excepción porque se hizo interminable esa serie de penales en el Ducó hasta la tapada inolvidable del Mudo a Hrabina y terminé abrazado, emocionado, llorando con un desconocido después del fierrazo de Dabrowski a Parsechián…

El de 1974 había sido lindo por el tren a Junín y porque fue el primero, pero el de 1982 se disfrutó muchísimo porque fue angustiante de verdad. Mi amigo, el negro Cata rompió el alambrado y se metió en el césped de la cancha de Huracán. ¡Hasta se quedó como souvenir la camiseta de Dabrowski!

Ese 21 de diciembre de 1982 fue importante en mi vida: el Gasolero me dio una de las alegrías más grandes y nunca más agarré un cigarrillo. Y eso que me resultaba imposible, era de los que salía con el auto a comprar a cualquier hora de la noche si se me acababan. Pero con el amor a Temperley, todo es posible.


Historia de Alberto Lambruschini
Redacción: Pepe Tricanico

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