100 años de Radio: Mi voz con vos

El medio más noble, fiel y compañero del mundo de las comunicaciones cumple un centenar de años. Tus historia, nuestra historias, cada momento vivido con una spica pegada al oído valen la pena con este homenaje de Fede Guerra y el equipo del SDT.

Así sin pensar ni un minuto, la primera imagen que se me viene de la radio (y no por ser la inicial en mi vida de oyente) es una tarde de lluvia de invierno y de sábado de ascenso. Estaba en la casa de mi abuela durmiendo una siesta. Era chico aún y con una radio naranja de dial negro, circular y sin FM, la voz de Jorge Bullrich por Radio Rivadavia me traía un partido de Temperley que por más que haga memoria me es imposible encontrar en mis imágenes pasadas cuál sería. Pero era…

Por alguna razón que tendrá su origen en esas noches de viernes en lo de la abuela Ñata, la radio siempre estuvo asociada a su casa grande (como aquella película increíble de Luis Sandrini, otro gran animador de las broadcasting), a su patio, a esa NOBLEX de mañanas de domingo de aquel programa de Golo, un humorista de aquellos años, de tangos y valses de Rapidísimo de Larrea y esa tangueada que escuchaba cuando yo no iba al cole y jugaba por su casa…

Alejandro Dolina y su Demasiado Tarde para Lágrimas se suma a esa lista increíble que luego fue (y es) La Venganza será Terrible. Con mi abuela le escribíamos cartas en tinta verde (marketing increíble de ella) sólo para que El Negro dijera en las madrugadas profundas que llegó carta de la “señora de la tinta verde”. Allí iban recetas de cocina, comentarios del programa y artículos de aquellas revistas que eran deleite para la risa de esa emisión única. Hasta me las grababa para que no me pierda ni uno por si me quedaba dormido…

Luego llegó Competencia y Por Deporte de Víctor Hugo Morales donde tuve el gusto grande de ser parte con columnas de deportes curiosos e historias, a fuerza de insistir y llevar por el micrófono un amor incondicional… Grabar mis micros radiales al lado de ese gran relator fue un recuerdo que parece presente cada vez que lo escucho…

Y esa anécdota de mis 14 años cuando en una radio que me dejó la Abu, negra y clásica con pilas y ya con FM, busqué la emisora más pegada al inicio del dial y salió un programa de Burzaco que empezaba ese día. Al llamar y contar cómo llegue a oírlos y decirles que mi sueño era ser periodista no dudaron en darme una posibilidad y cada sábado leía unas píldoras deportivas escritas a máquina de escribir y con voz temblorosa…

Mi abuela nunca me escuchó en la radio porque ella se fue muy joven y yo me quedé con su juguete a pilas y este puñado de pequeñas historias que, estoy seguro, trazaron mi profesión. Luego llegó El Show de Temperley y esta muchachada que ama a este medio, que hoy cumple 100 años.

Para siempre se contará que Enrique Telémaco Susini y un grupo de locos cortaban la cinta e inauguraban las transmisiones radiales en la Argentina, habla hispana y Latinoamérica (y por qué no del mundo) un 27 de agosto de 1920 al emitir la obra Parsifal, de Richard Wagner, por radio. 

Aquellas fueron voces entrecortadas y ruidosas que llegaban a cada hogar y se metían como flechas en los pocos receptores que había en Buenos Aires. Y así, para siempre, las palabras, la música y los relatos de cada fin de semana comenzaron a ser parte del aire… como mi abuela Nélida que me escucha cada vez que mi voz también es parte de ese éter que atraviesa muros de concreto y nos acerca a todos.

Federico Gastón Guerra

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