Amigos, esos con los que se construye un mundo…

El Club Atlético Temperley nació al calor de la amistad, de la mano de una barra de purretes que hacia 1910 jugaba al fútbol y desafiaba en duelos deportivos a otros barrios. Fue Centenario en sus inicios pero será el Celeste y un gran amigo para toda la vida.

Imaginemos por un instante aquellos baldíos de Temperley de 1910. El adoquín de 25 de Mayo y ese camino de hierro del tranvía a caballos que terminaba en la estación ferroviaria. Algunos pocos y esenciales comercios y el tren que exhalaba humo al andar de esas locomotoras negras y potentes del Ferrocarril del Sud. Entre tanto algunos pibes jugando al fútbol gambeteando el voceo de algún canillita ávido por vender el último número de Caras y Caretas, PBT, LA UNION, La Prensa, o LA NACION…

Unos cuantos amigos de la barra. Dos camisetas de arco, unos palos de escoba de límite de cancha y una pelota usada ¡Había que trabajarlos a esos al baldío para que fueran una cancha decente! Terrenos de tierra, muchos haciendo esquina y con vecinos que casi nunca devolvían los gastados esféricos.

Unos de los escenarios de aquellas disputas futbolísticas de Temperley era un “baldío comprendido entre las calles 25 de Mayo, Brandsen, Pichincha y Suárez, y también se jugaba en el delimitado por las calles Guido, Espora, Liniers y Avellaneda”, precisa Marcelo Ventieri historiador del club y miembro del Departamento de Historia y Museo del Club Atlético Temperley.

Eran aquellos, muchas veces, lotes sin dueño que dieron origen a tantos clubes de fútbol. ¡Qué falta de respeto!, tanto cuidarlos para que un día un martillero ponga cartel de venta y con el cuento que está cerca de la estación, a dos pasos del colectivo y a veinte minutos del centro… ¡Zas! Caserón en puerta.

Eran pibes de 16 años, un poco más o un poco menos, quienes constituyeron el mojón de Centenario Foot-Ball Club o Club de Foot-Ball Centenario,“testimoniado por un viejo sello de goma, ‘Club de Foot-Ball Centenario – Temperley – Fundado en 1910’, en homenaje a los 100 años de la gesta de Mayo”, recopiló Ventieri.

De a poco llegaron los martilleros quienes atraían a los compradores en trenes especiales o en colectivos “bañaderas“. Y así, y sin más, adquirieron esos terrenos junto con las historias y gambetas… Y los clubes, los más consolidados, fueron cambiando de escenarios y refugios para seguir pateando.

Todo aquello se hacía en barra de amigos. Ellos construyeron aquellos mundos posibles al calor de esas amistades fuertes que lo pudieron todo. Esa fuerza de saberse invencible porque están los amigos.

Hoy nosotros desde El Show de Temperley hacemos cada lunes desde la radio nuestro culto del periodismo, la pasión y la amistad. Y como un guiño al genial Roberto Fontanarrosa (quien nos dejó un 19 de julio de 2007) es deseo de cada uno de nosotros aquello que él deseaba para su hijos: «Que los amigos se pongan felices cuando lo (nos) vean venir». Qué lo parió de lindo. ¡Feliz día del amigo!.

Federico Guerra

Comentarios