Ese mástil que une nuestra bandera con el cielo…

En el día de la Bandera un homenaje a un símbolo Celeste que desde siempre guía las acciones de Temperley en el Alfredo Beranger. Uno de los últimos vestigios históricos de un estadio que fue creciendo.

Está ahí. Casi desde siempre. Es un monumento y un homenaje a un dirigente que es y será emblema por siempre de los hinchas de Temperley: Alfredo Beranger. El mástil en la entrada de la Avenida 9 de Julio es el testigo más fiel de tanto disfrutado, sufrido y anhelado. Desde su altura los colores de la bandera funden en el cielo sus tonalidades.

Fue el domingo 13 de abril de 1924 cuando se inauguró el actual campo de juego (sobre la avenida 9 de Julio). El partido fue con Sportivo Dock Sud. Nada mejor que festejar así la primera fecha del campeonato superior de la Asociación Argentina de Foot – Ball.

Así fue el primer puntapié de nuestra historia en el amado estadio de la Avenida. Y es allí en la base de ese mástil, impertérrito que todos vemos sin ver, que una gran placa reza: Alfredo M. Beranger. 29 de marzo de 1923. El Club Atlético Temperley a su malogrado presidente.

“El 29 de marzo a las 21:30 hs. murió asesinado Alfredo M. Beranger, a manos de Joaquin Pujante (50 años), de tres disparos (…). El F.C.S. había hecho desalojar a Pujante de una casilla ubicada en terrenos del ferrocarril, por influencia de autoridades del club, según el agresor (…)”, escribió, y resaltó a letras de molde, para siempre el periódico Última Hora del 30 de marzo de ese 1923.

Cierto es que ese monolito, que ayuda a elevar a nuestras insignias, es un vestigio de un pasado que troca en presente cada día con cada partido, cada hazaña o desvelo por el Celeste.

Marcelo Ventieri, historiador de Temperley y miembro del Departamento Histórico y Museo del club, explica que“el mástil del estadio, mudo testigo de un pasado romántico y glorioso, junto a la fachada de la primera sede, es el único símbolo original que queda desde la inauguración del Beranger”.

“El Club Atlético Temperley –amplía Ventieri– levantó su primera sede propia a comienzos de los años 30. Era una casa pequeña, situada en 9 de Julio 310 y los sueños que albergaba no cabían en su interior.  El progreso del club motorizado en sus socios fundadores y en los centenares de seguidores, que ya en aquel tiempo causaban asombro ajeno, convirtió esa propiedad en un lugar de transición necesario para que, años más tarde, se cristalizara la edificación de la sede actual y el natatorio.”

Alguna vez me contaron una pequeña anécdota: Los hinchas de Temperley, Turdera y alrededores sabían desde muy temprano si el Celeste jugaba de local porque para esa ocasión flameaba desde el alba una hermosa insignia en el mástil del estadio Alfredo Beranger. Otro mundo. La misma pasión por ver agitar los colores más lindos justo ahí donde parece que al cielo le sacamos un pedacito, y lo guardamos para siempre.

Federico Gastón Guerra

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