Un sol que brilla en vos…

Sonará contradictorio pero pensaba esta frase entre la niebla de la madrugada de la vuelta de Bahía Blanca. Una especie de tul que caía espeso en el parabrisas del auto que nos traía de un viaje largo y con mucho trabajo. Todo empezó el sábado (mucho antes en el armado de la información) pasado el mediodía cuando la ruta empezó a ser “un camino largo que baja y se pierde”. La lluvia nos dio la bendición en la cercanía de Las Flores y luego un sol amplio y tibio se recostó en la llanura pampeana en el epílogo de la tarde.

Fue, creo, ese el momento donde las nubes se disiparon y el rocío del anochecer nos mojó mansamente casi llegando a destino. Bajar todo, acomodarse, cenar, dormir y pensar en el Celeste. En este Temperley que debía despegar de tanto pronóstico de mal tiempo futbolero. Un equipo con posibilidades de chubascos aislados pero con una leve mejoría con viento del Oeste hacia la tarde del domingo.

Una cabina amplia matizó entre mates el armado del equipo para llevarle a todos los Gasoleros las instancias de un encuentro que ya con cielo limpio clavaba su claridad en esas casacas aurinegras y Celestes. Olimpo y Temperley saltaron a un estadio en estado de nervios poco antes que el reloj marque las 16 horas. Un verde césped brillante llamaba a divertirse sin más en este juego maravilloso.

Tuvimos un arquero Pablo Campodónico que atajó todo lo que se puede y lo que no. Un encuentro vibrante que dejó en la cabeza de Magnín y en los pies de Brum (Golazo) un sello que los locales no soportaron y subieron al alambre y se enojaron con los propios… La guillotina del descenso parece afilarse sobre el equipo bahiense y les duele. Nuestro Gasolero se trajo tres puntos que llenaron la vuelta y la ruta de estadísticas, risas y esperanzas… Una brisa fresca se metió en el ánimo caído del hincha que seguro lo eyectará el próximo fin de semana al Beranger.

Entre tanto quedará el recuerdo de una Bahía Blanca que nos regaló sus plazas, comidas y cordialidad en el trato. Veredas que observamos desde un café de esquina en la vuelta de página del diario La Nueva Provincia y en el conocer detalles de la historia de una ciudad que se me hizo una vez más de guiño amable…

Esas calles vacías de la mañana del domingo con rayos amarillos potentes que obligaban a ver si era el fin del verano o el comienzo de la primavera. Apenas las hojas blandas por la lluvia caída formaban el paisaje de casi otoño que nos llevamos como una postal de esa ciudad puerta de la Patagonia Argentina. Una foto que deja colar a febo entre tanto cielo gris que amenazó en la ruta y que luego disipó la niebla… Como el juego del Celeste en el Roberto Carminatti.

Federico Gastón Guerra

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