No va más…

Tenía una ilusión. Y fue por ella. Fue como uno de esos viejos «dandy» que golpeado por la crisis económica igual sueñan con hacer saltar la banca en la ruleta o el Black Jack. El «Celeste» no tenía banca de sobra ni mucho menos, pero contaba los pesos que consiguió gracias a aportes de viejos conocidos que confiaban en su destreza. Y decidió ir… hizo sus apuestas, metió fichas por «números puesto» o «fijas» de la categoría como Demaldé, Fassi, Pansardi o Montenegro; se aferró a viejas apuestas que lo trasladaban a paisajes de viejas sonrisas como Crivelli, Aguirre, Gianunzio, Quiñónez o Miramontes. Tenía esos billetes que no eran muchos, pero sí suficientes como para hacer una apuesta inteligente y esperar…
Cada jugada provocó nervios. La chica Metropolitana gritaba «no va más…» al tirar la ruleta cada semana. Y el «Celeste» invocaba a todos los santos, se acordaba de sus amigos, de esos importantes que pusieron mucho dinero pero también de aquellos que juntaron hasta el último peso para comprarle un bono o una rifa… todo para que él estuviese allí sentado, en esa mesa con los actuales poderosos del baile. 

Las apuestas parecían hacerlo millonario en un momento con los consejos del viejo «Fito». «¡Ese sí que era bien zorro! Especulaba bien…», rememora uno de sus amigos.  Otro no lo recuerda con cariño: «Demasiado. Así no íbamos a hacer saltar la banca nunca». Bajo su «tutela» el «Celeste» pegó algunos plenos, daban sus frutos las apuestas por el 1 -siempre salvador, de los más rendidores-, el 3 o el 4 bien cumplidores o hasta por el 5 que mostró en varios momentos que sirvió. ¡Hasta el número 11 dio alegrías! El «negro el 8» tuvo altibajos, fue de los salidores y después se pinchó un poco… 

Sin embargo, más allá de su pilcha de «dandy» el tipo no estaba acostumbrado a jugar en las grandes ligas. Y sintió ese nerviosismo, ese cosquilleo, esa transpiración que corría por su piel a la hora de apostar fuerte. Igual fue, pero se equivocó. Hubo apuestas que nunca funcionaron, como la de aquél «9» que vino un poco tarde desde Córdoba o la del «viejo Lobo» otro «9» que lo vendían como fija todos los años, pero al «Cele» no le salió nunca en una mano importante… sólo quedará de él un recuerdo lindo en San Martín. No mucho más. También fue «plata quemada» el dinero apostado por el «10», ese cuyo regreso lucía tan esperanzador y cuyo rendimiento a la hora del análisis fue doblemente decepcionante. 
Los amigos de «Cele» llamaron a otro consejero para la segunda parte de la experiencia. «Los números y don Fito no se están llevando bien», decía un inversor. Y llegó un tal Aníbal, viejo triunfador en los pagos de Floresta. El hombre pareció aportar lo suyo, casi que lo entusiasma con llenarse de billetes, de gloria, de prestigio…. fueron tres plenos al hilo que entusiasmaban hasta al más pesimista. Pero cuando no se tiene banca, tarde o temprano la ruleta te juega una mala pasada. Y el «dandy» no fue más «dandy» cuando apareció en la mesa el equipo de Curto, que lo dejó seco en apenas 18’… los sueños se derrumbaron cuando los números de siempre dejaron de ser rendidores, porque en los malos ya no podía confiar… cuando en los bolsillos no había muchas fórmulas para recuperarse, cuando hasta un «pillo» del Oeste que se sentó en la mesa con unas pocas monedas que le quedaban, ayer le ganó las apuestas dejando al bonachón de «Cele» derrotado, vacío, casi pensando en la próxima temporada de Casino. 

«Cele» está destruído moralmente. No puede levantar la mirada para ver a los ojos a quienes confiaron tanto en él. Y sabe que hay números a los que no apostará más. Hoy sus amigos le dicen que se ponga de pie, que ellos van a estar ahí, firmes, laburando para que él pueda volver a sentarse el próximo año en esa gran ruleta de la ilusión y con más banca, con más opciones a la hora de apostar. La Fortuna esta vez ha ido para otros pagos, sólo nos queda consolarnos con el buen laburo de quienes rodearon a «Cele» y maldecir aquellos números que defraudaron la ilusión de muchos que lo siguieron semana a semana. 


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