El corazón en sus manos

La Patria Gasolera vibró, sufrió y disfrutó como nunca en un Beranger repleto. Hubo una recaudación récord ($262.000), mucho color en las tribunas y una actuación a la medida de un clásico: a puro overol. Los jugadores multiplicaron su entrega, hicieron 60 minutos casi perfectos y ganaban muy bien por 2-0 con goles de Gimenez -de tiro libre- y Luis López; pero descontó Ojeda para Lomas y desde ahí el nerviosismo -sumado a que el visitante salió a quemar las naves- hizo que sufriéramos un poquito más de la cuenta. ¡Pero así es Temperley! Y qué linda fiesta nos tocó vivir a todos… El «Cele» es el único escolta y está a sólo tres puntos del líder Platense (25). A ilusionarse…

Temperley tiene estas cosas. El «Gasolero» es así. Es capaz de copar el club un lunes a la noche para hacerle un «banderazo» al plantel. Tiene la mística de los grandes que pueden llenar un estadio con familia, con amigos, con hinchas, con miles de socios. El «Cele» es un sentimiento por el que dejamos de lado cualquier cosa para estar ahí, firmes alentándolo o -en nuestro caso- transmitiéndolo para ustedes. Y cuando este hermoso sentimiento se combina con un escenario «de final» como fue el Beranger a pleno. Es indescriptible la felicidad que produce llegar a casa, internar dormir y no poder hacerlo de la alegría que produce recordar una y otra vez los goles, o los cantitos dedicados a los vecinos, las imágenes de los abrazos en la platea, en la 9 de Julio o en la de socios…


La gente esperó el partido con mucha fe. A falta de casi 40′ para comenzar el partido ya estaba el estadio a casi un 75% de su capacidad. Hubo silbatina estruendosa para los Milrayitas cuando dejaron de hacer el precalentamiento en el campo. Y hubo carnaval cuando salió el Celeste al rectángulo de juego. 

Temperley empezó el partido casi al ritmo de la gente, como una verdadera tromba. Y metió despliegue por todos los sectores: robó y corrió Miramontes, haciendo uno de sus mejores partidos desde su vuelta; se hizo dueño del medio Gianunzio, Pansardi cumplió siendo otro motorcito o rueda de auxilio cada vez que hizo falta, y también Gimenez que  a los 3′ avisó Gimenez con un tiro a distancia, y a los 20′ casi marca Campodónico pero fue bien apurado por Díaz y luego Pansardi la tiró por sobre el horizontal. ¿El gol? Fue a los 30′ cuando el «Mencho» Gimenez ejecutó un tiro libre con picardía, la pelota le picó un metro antes a Díaz y eso -con la cancha mojada por la lluvia- descolocó al arquero que nada puso hacer para evitar el 1-0 parcial. Los Andes había mostrado buenos movimientos sobre la izquierda cuando se juntaban Arias, Sandoval y Bevaqua. Este último fue quien tuvo las dos más «claras» a los 7′ y 40′ con sendos remates que se fueron desviados.

Para el segundo tiempo, el «Cele» salió con una actitud similar aunque «midiendo» más las intenciones de su rival. Y a los 12′ consiguió el 2-0 cuando tras una buena pelota puesta por Campodónico -otra vez, de gran partido por lo que aportó clarificando las tenencias- encontró un cabezazo de Pansardi por el segundo palo y sobre el primero apareció el «Animal» Luis López para corregir y hacer cumplir la ley: «dos cabezazos en el área contraria… son gol». 

Los Andes parecía shockeado, nockeado, perdido en la cancha. Era partenaire. Pero, precisamente en su peor momento y en el mejor del «Cele» consiguió el descuento. A los 19′ hubo una jugada donde la tocaron varios, la pivoteó Visconti y llegó Guillermo Ojeda libre de marca para poner el 2-1 que terminaría siendo definitivo. 

De ahí en más, hubo que sufrir. El «Nene» Díaz apostó los tres cambios al milagro (hizo ingresar a «Pitu» Gomez por el flojito Martínez, y el potente Nieva por Arias, con eso consiguió más presencia ofensiva y lo fue metiendo al «Gasolero» contra su área. También, vale decirlo, el «Cele» pareció sentir el gran desgaste que hizo en los primeros 65 minutos de partido por el gran ritmo que le impregnó al encuentro. Además, ni Souto ni Montenegro pudieron acoplarse ni mostrar lo que hacían Luis y el «Talismán». Entonces, a puro pelotazo buscó el Milrayitas pero siempre se encontró con una defensa que hizo un gran trabajo y que tuvo a Manzanares como el gran estandarte practicamente anulando a Visconti, con un Crivelli que aseguró todas y con un medio que sacó aire «extra» de donde no había para sostener el resultado. Fue triunfo. Y es alegría. Es algaravía. Es insomnio. Nos vamos a intentar dormir un rato, con el corazón en sus manos muchachos. Gracias. Y a seguir por este camino que quizá, nos encuentre rumbo a Luján a todos en Junio…



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